Parece que sí, pero no. Que no te soporte no significa que no te quiera; no son términos excluyentes. Sólo que a veces no te aguanto, te cagaría a trompadas, te mandaría en un viaje sin retorno a la concha de tu madre. Pero después de la bronca ese odio momentáneo se va, comienza a alejarse con las manos en alto, el afecto hacia vos le apunta al pecho, lo amenaza de muerte y así todas las puteadas que te escupo en la cara, todas mis miradas de desdén, mis sonrisas irónicas, mi fastidio y hasta mi violencia se van evaporando, se desmaterializan y suben, se elevan hasta desaparecer entre el aire que va purificándose, se hace más transparente y se me escapa una sonrisa de la boca, te miro y sin querer mi mirada se vuelve buena, mis palabras bajan ese tono enojado, las exclamaciones se vuelven silencios o palabras que arman frases cotidianas, ¿querés café?
Vos sos tan bueno que te unís a mi reparo, me ayudás despacito en medio de ese pacto implícito a juntar del piso todos los pedacitos de nuestra basura, cada cristal roto, cada fragmento que representa palabras hirientes y sobretodo esos amargos te acordás, vos siempre igual uy, dejá de chamuyar, no ves qué mentirosa sos, callate, estúpido, pelotuda no me hablés así, pero y vos quién carajo te pensás que sos, gil, andate a la mierda forro, ah, mirá quién habla de respeto ahora, ay haceme el favor, no seas hipócrita, querés? No ves que sos un pendejo.
Sí, claro, todo eso permanece flotante, suspendido, inmóvil, en pausa, y nosotros con la cabeza gacha y miradas furtivas quizás hasta arrepentidas, miradas de saber que ya pasó, yo te entiendo y te perdono, nosotros dos giles malgastando tiempo, valioso tiempo de amor en agresiones insensatas hasta que por fin en algún punto del te odio encontramos ese rasgo iluminador en el otro que nos hace tan suceptibles. Yo te miro y de repente capto un perfil, una expresión, un gesto, un movimiento que me hace volver a verte tan bonito, tan mi amigo de siempre, tan conocido y tan sincero y querido por todos y sobretodo por mí, y ante mis ojos te empezás a volver a convertir en mi amor, ay si hasta te daría un beso.
A veces no permito que te des cuenta, continúo con la farsa un ratito más, sólo por la diversión de verme peleando con vos desde otra perspectiva, y así mirarme enfrente tuyo, tan tonta, por qué, con qué necesidad te discuto algo tan ridículo.
Otras veces me hacés sufrir vos, no sé si será por pretender que todo ese juego quede implícito y nunca terminar de admitir que al final entendernos pasa por miradas… o capaz sea porque no querés, en un punto hubieras preferido no darme el poder de elegir el basta. Por ahí vos también le tomás el gusto a las peleas cotidianas sin sentido, perdón, eso te lo enseñé yo.
Al final no estoy segura, creo que la mayoría de las veces el que inicia la tregua sos vos. Muchas, infinitas gracias por haberme mostrado esa paz misericordiosa; ahora aprendí a permitirme la leve sonrisa de los ojos tristes mirándote con ternura desde más abajo, más humilde, es una mirada casi de perdón, aunque me cueste taaanto verbalizar una disculpa, no sabés mi esfuerzo por pedirte perdón bichi con te miro con amor, ya no me banco gritarnos, ya no me banco todas nuestras otras facetas, ya no quiero que seamos otros, yo quiero que vos seas vos y yo, yo y no dos bocas que se gritan sin escucharse.
Después siempre nos quedamos en una penumbra, en un receso casi literario, en un stand by hasta que se entrelazan dos manos y se cruza la famosa mirada conciliadora, y al final qué final el sello del piquito casi tan tímido y sigiloso, intentando pasar desapercibido... casi como al principio (porque en realidad empezamos de nuevo, todo acaba termina y continúa en circularidad).
jueves, 30 de noviembre de 2006
2 planos
Anoche fue terrible (no horrible).
Fui al shoppin y averigüé por él. Fui buscando respuestas que yo quería escuchar y me encontré con respuestas un poco diferentes, pero = al final eran eso que no quería y sí pensaba que iba a escuchar. Sí, no sé cómo llegué a preguntarle semejante barbaridad, en qué cabeza cabe andar persiguiendo así a tu novio… pero la otra era Viviana o Ivana, no se sabía porque él lo contaba desde otro ámbito, vaya a saber qué procedencia, qué aires respiraba esta chica que es un nombre que flota, sin rostro ni cuerpo ni ropa, sí el perfume que me corresponde aunque todos sepamos que nada es de nadie.
Después hubo un pequeño escándalo en el medio del patio de comidas, había tanta gente que nos ahogábamos en el calor. En realidad no hacía calor, estaba ese aire acondicionado con olor a capitalismo que me da náuseas, que es tanto artificio, no hay derecho. Una vieja de mierda de alcurnia me trataba de puta y pobre, yo la mandaba al carajo y huía, claro, qué tenía que hacer yo sola entre esos ojos saltones tan raros, mi barrio es tan sencillo, hay como una honestidad, desabrida, claro, pero es sincera, no está tan almidonada.
Llegar a Ramos, el sumum. Bueno, anoche por lo menos pareció eso, o algo muy parecido. Volví con sed de venganza que había maquinado y masticado en el bondi, enfilé para verlo, para encontrarnos por fin, después de tanto prefacio lo iba a ir a buscar, había dicho que iba a esperarme toda la noche, incluso lo sostuvo cuando le dije No no, no voy a ir, y la línea quedaba un rato sonando sin palabras, incluso ahí él insistió en esperarme, aunque yo en realidad no fuera a ir nunca. Pero ahora me acercaba peligrosamente, me acercaba con el corazón latiendo apurado como mis piernas. Miraba para todos lados como si fuera a afanar un banco, (algo similar en cuanto a gravedad, y también en cuanto a robo, aunque al revés, esta vez la que perdía era yo). Yo iba a dejarle mis esperanzas y todo ese pasado encerrado bajo llave enterrado bajo tierra. Él era el chorro en realidad, pero yo estaba perseguida.
Hacía tanto calor, me sofocaba cada tanto, las estrellas no brillaban mucho, los focos de luz amarilla se ocultaban entre los árboles, todo era una nube gigante de verano cepia y color opaco. Ya sentía su mirada pesada sobre mí otra vez, sentía ese abrazo y mis pies levantándose en el aire, otra vez a upa, otra vez su pelo, otra vez todo vuelve, todo es un tremendo (no horrible) círculo que se abre y se cierra en torno a mí.
No pude llegar, apareció él, el mío, con ese aire a vagabundear con otro vagabundero que desapareció cuando me acerqué con el disimulo de pasear una noche de verano, vagueando y boludeando yo también, ¿y vos? ¿Quién era aquél? Chau, te cambié de tema. (Pero ahora que pienso, ¿por qué ese afán de evadirme? ¿Por qué mierda yo me calentaba en quedar bien frente a SU infidelidad, si ya estaban todas las cartas jugadas, aunque yo fuera la única que lo sabía…? Porque después de todo, yo no podía acusarlo en base al testimonio de una desconocida, él iba a argumentar… yo tenía que averiguar mejor y encasillarlo con pruebas).
El tema es que yo fingía (¡qué palabra!), fingía que todo seguía igual de bien y de mal, pero igual. Él me llevaba a un rincón y yo no podía zafarme, y me besaba como si fuera la primera o la última vez y yo entrecerraba un poco los ojos para ver cómo el otro, el otro lejano pasaba enfrente mío, cerquita… entre las sombras miró para mi lado, y yo me sentía tan mal, tan culpable por todo, tan arrepentida de todo… pensaría que todo era una gran estrategia montada para joderlo, pero era justamente todo lo contrario, todo era mi gran estrategia, y todos ellos quedaban en segundo plano. YO, siempre yo antes que.
Igualmente hay que tener en cuenta que me quiso manipular, no creas que es tan inocente. Fue tan evidente, piensa que todavía puede hacer lo que quiere conmigo. Yo sonreí, y obvio que él no me vio, pero igual se enojó. Después me enojé yo y él se defendió de mis palabras-tijera argumentando que él quiere y respeta mis opiniones, y encima la enojada soy yo… yo tuve que justificarme varias veces, que no, yo no puedo ser tan cara dura, que me importan las personas a mi alrededor. (De ahí partió su jueguito ahora que me acuerdo: vos preferís la rutina, ok, quedate con tu vida de siempre, yo, adrenalina. Gran etcétera.) También dije que no es ahora el momento. Llama él (otro, el mío) para decirme que quiere salir, con lo linda que está la noche... estás tan colgada... Y del otro lado el otro: No te gastes papá, ella sale conmigo, y yo entre las dos voces que me hablaban o se hablaban entre sí en alguna otra dimensión que no es la mía ni el MSN.
El primero no se resignó hasta después de un rato de excusas (reales). Esperemos, dale. (Aunque igual siempre sigue siendo él que le encanta chapear que es el más lindo, hacerse el gato frente a las nenas calientes, irse de joda alta partuza “yo no hago nada pero igual me prendo”; va y no compra, pero vive en el límite, yo no sé si es infidelidad pero qué feo.)
Lo último que dijo fue tal vez en un rincón haya un lugar para volvernos a encontrar. Yo me reí y no supe si era metáfora.
Al final mi salida se pinchó, llamó sólo para crear esa sensación de vacío.
Y yo los mandé a la mierda a los dos, me voy para el shoppin.
Obvio que no pude dormir nada. Apagué la tele, daba vueltas y vueltas. ¿Y si voy para la puerta otra vez? ¿Y si toco timbre y al final termino con el abrazo sin tocar el piso y toda esa cursilería barata, qué querés, madrugada de verano…? Venían las ganas como retorcijones. Voy a buscarlo. No, sus planes a medio hacer –que probablemente nunca se concreten, pero pobre…-, y su familia, y las sábanas que se hicieron sogas que me ataron y me quedé.
Yo no sé.
Fui al shoppin y averigüé por él. Fui buscando respuestas que yo quería escuchar y me encontré con respuestas un poco diferentes, pero = al final eran eso que no quería y sí pensaba que iba a escuchar. Sí, no sé cómo llegué a preguntarle semejante barbaridad, en qué cabeza cabe andar persiguiendo así a tu novio… pero la otra era Viviana o Ivana, no se sabía porque él lo contaba desde otro ámbito, vaya a saber qué procedencia, qué aires respiraba esta chica que es un nombre que flota, sin rostro ni cuerpo ni ropa, sí el perfume que me corresponde aunque todos sepamos que nada es de nadie.
Después hubo un pequeño escándalo en el medio del patio de comidas, había tanta gente que nos ahogábamos en el calor. En realidad no hacía calor, estaba ese aire acondicionado con olor a capitalismo que me da náuseas, que es tanto artificio, no hay derecho. Una vieja de mierda de alcurnia me trataba de puta y pobre, yo la mandaba al carajo y huía, claro, qué tenía que hacer yo sola entre esos ojos saltones tan raros, mi barrio es tan sencillo, hay como una honestidad, desabrida, claro, pero es sincera, no está tan almidonada.
Llegar a Ramos, el sumum. Bueno, anoche por lo menos pareció eso, o algo muy parecido. Volví con sed de venganza que había maquinado y masticado en el bondi, enfilé para verlo, para encontrarnos por fin, después de tanto prefacio lo iba a ir a buscar, había dicho que iba a esperarme toda la noche, incluso lo sostuvo cuando le dije No no, no voy a ir, y la línea quedaba un rato sonando sin palabras, incluso ahí él insistió en esperarme, aunque yo en realidad no fuera a ir nunca. Pero ahora me acercaba peligrosamente, me acercaba con el corazón latiendo apurado como mis piernas. Miraba para todos lados como si fuera a afanar un banco, (algo similar en cuanto a gravedad, y también en cuanto a robo, aunque al revés, esta vez la que perdía era yo). Yo iba a dejarle mis esperanzas y todo ese pasado encerrado bajo llave enterrado bajo tierra. Él era el chorro en realidad, pero yo estaba perseguida.
Hacía tanto calor, me sofocaba cada tanto, las estrellas no brillaban mucho, los focos de luz amarilla se ocultaban entre los árboles, todo era una nube gigante de verano cepia y color opaco. Ya sentía su mirada pesada sobre mí otra vez, sentía ese abrazo y mis pies levantándose en el aire, otra vez a upa, otra vez su pelo, otra vez todo vuelve, todo es un tremendo (no horrible) círculo que se abre y se cierra en torno a mí.
No pude llegar, apareció él, el mío, con ese aire a vagabundear con otro vagabundero que desapareció cuando me acerqué con el disimulo de pasear una noche de verano, vagueando y boludeando yo también, ¿y vos? ¿Quién era aquél? Chau, te cambié de tema. (Pero ahora que pienso, ¿por qué ese afán de evadirme? ¿Por qué mierda yo me calentaba en quedar bien frente a SU infidelidad, si ya estaban todas las cartas jugadas, aunque yo fuera la única que lo sabía…? Porque después de todo, yo no podía acusarlo en base al testimonio de una desconocida, él iba a argumentar… yo tenía que averiguar mejor y encasillarlo con pruebas).
El tema es que yo fingía (¡qué palabra!), fingía que todo seguía igual de bien y de mal, pero igual. Él me llevaba a un rincón y yo no podía zafarme, y me besaba como si fuera la primera o la última vez y yo entrecerraba un poco los ojos para ver cómo el otro, el otro lejano pasaba enfrente mío, cerquita… entre las sombras miró para mi lado, y yo me sentía tan mal, tan culpable por todo, tan arrepentida de todo… pensaría que todo era una gran estrategia montada para joderlo, pero era justamente todo lo contrario, todo era mi gran estrategia, y todos ellos quedaban en segundo plano. YO, siempre yo antes que.
Igualmente hay que tener en cuenta que me quiso manipular, no creas que es tan inocente. Fue tan evidente, piensa que todavía puede hacer lo que quiere conmigo. Yo sonreí, y obvio que él no me vio, pero igual se enojó. Después me enojé yo y él se defendió de mis palabras-tijera argumentando que él quiere y respeta mis opiniones, y encima la enojada soy yo… yo tuve que justificarme varias veces, que no, yo no puedo ser tan cara dura, que me importan las personas a mi alrededor. (De ahí partió su jueguito ahora que me acuerdo: vos preferís la rutina, ok, quedate con tu vida de siempre, yo, adrenalina. Gran etcétera.) También dije que no es ahora el momento. Llama él (otro, el mío) para decirme que quiere salir, con lo linda que está la noche... estás tan colgada... Y del otro lado el otro: No te gastes papá, ella sale conmigo, y yo entre las dos voces que me hablaban o se hablaban entre sí en alguna otra dimensión que no es la mía ni el MSN.
El primero no se resignó hasta después de un rato de excusas (reales). Esperemos, dale. (Aunque igual siempre sigue siendo él que le encanta chapear que es el más lindo, hacerse el gato frente a las nenas calientes, irse de joda alta partuza “yo no hago nada pero igual me prendo”; va y no compra, pero vive en el límite, yo no sé si es infidelidad pero qué feo.)
Lo último que dijo fue tal vez en un rincón haya un lugar para volvernos a encontrar. Yo me reí y no supe si era metáfora.
Al final mi salida se pinchó, llamó sólo para crear esa sensación de vacío.
Y yo los mandé a la mierda a los dos, me voy para el shoppin.
Obvio que no pude dormir nada. Apagué la tele, daba vueltas y vueltas. ¿Y si voy para la puerta otra vez? ¿Y si toco timbre y al final termino con el abrazo sin tocar el piso y toda esa cursilería barata, qué querés, madrugada de verano…? Venían las ganas como retorcijones. Voy a buscarlo. No, sus planes a medio hacer –que probablemente nunca se concreten, pero pobre…-, y su familia, y las sábanas que se hicieron sogas que me ataron y me quedé.
Yo no sé.
Y al final...
Se describe aunque no quiera. No es una descripción física, es simplemente todo lo que forma parte de ella: la música, la literatura, la ropa, el pelo, el perfume, las palabras que arman frases sin pensar y casi sin ser respiradas. Hay en ella una constante autorreferencia, bah, ella cree q es autorreferencia cuando en realidad es otra cosa, es referencia a todo lo otro que gira en torno a su cabeza y la envuelve todos los días. Sentarse al lado de la cama a ver desde la ventana cómo baja y se esconde el redondo y rojo sol, agarrarse y abrazar sus rodillas, darle un beso, fumar, pensar con los ojos en alto… todo es parte de otras cosas, de la otredad que la asalta y ella cree que es ella sola, única. Y es cierto, esa conjunción está armada frente a ese ajeno homogéneo pero es una experiencia propia y nadie en absoluto es igual. Pero entonces por qué lo busca, por qué busca ese espejo en la mentalidad de los demás, alguien que consiga reconstruir el espejo interior tantas veces roto y pegado con la gotita (¡cuánto intertexto, che!).
Sin embargo la reconstrucción ya no puede buscarse en el afuera que irrumpe, es cuestión de poner, construir despacito una pared de ladrillos y cemento espeso y oscuro que no permita ese contacto que es tendencia, y convertirse en una cajita que encuentre soluciones originales. ¡Pero qué utopía, carajo! ¿¿A quién vas a engañar pensando en esa soledad conformista?? No es real, es mentirita, no t engañes, todo está afuera, andá a la calle. ¿Pero es que en el fondo es la calle la facultad? ¿Son los libros la facultad? ¿Es la gente la facultad? ¿Adonde se aprende a caminar con los ojos vendados y cagarse de la risa al caer, y sonreír al incorporarse y así y todo seguir con la venda puesta?
Todos queremos saberlo, claro. Pero la ignorancia tampoco-- aunque después de todo no sería ignorancia. Quizás es buscar un sexto sentido que nos deje relajados, como un eterno clonazepán de paz, un gran faso de satisfacción, de esperanza que si, si, si, va a llegar. ¡¡También él va a convertirse en un decoroso príncipe azul de cotillón, también la gente te va a empezar a mirar a los ojos con esa mirada vacía de no entender nada aún!!Jajajajajajaja
Como sea al final hay que salir a la calle. La calle, qué extenso, que extenuante concepto. Y ahí al final de la vereda y del auto que pasa y del perrito que ladra y del pasto recién cortado y de la nube que tapa el sol, ahí al final uno respira el verano, la autorreferencia se evapora y todo lo aprendido se va, toda la socialización se le esfuma y la naturaleza y la nostalgia y la alegría de azul y verde, cielo y mate y una guitarra de fondo, qué más puede pedirse.
Al final ella, y yo también y todos nos complicamos la vida hasta que vemos a un árbol florecer o a un gato estirarse y bostezar a la hora de la siesta. Salvo que nos importe demasiado el qué dirán, esa pollera larga, ese pelo largo, esa pollera tan corta, ese flequillo tan corto… ¿reírse de todo es el remedio?
Sin embargo la reconstrucción ya no puede buscarse en el afuera que irrumpe, es cuestión de poner, construir despacito una pared de ladrillos y cemento espeso y oscuro que no permita ese contacto que es tendencia, y convertirse en una cajita que encuentre soluciones originales. ¡Pero qué utopía, carajo! ¿¿A quién vas a engañar pensando en esa soledad conformista?? No es real, es mentirita, no t engañes, todo está afuera, andá a la calle. ¿Pero es que en el fondo es la calle la facultad? ¿Son los libros la facultad? ¿Es la gente la facultad? ¿Adonde se aprende a caminar con los ojos vendados y cagarse de la risa al caer, y sonreír al incorporarse y así y todo seguir con la venda puesta?
Todos queremos saberlo, claro. Pero la ignorancia tampoco-- aunque después de todo no sería ignorancia. Quizás es buscar un sexto sentido que nos deje relajados, como un eterno clonazepán de paz, un gran faso de satisfacción, de esperanza que si, si, si, va a llegar. ¡¡También él va a convertirse en un decoroso príncipe azul de cotillón, también la gente te va a empezar a mirar a los ojos con esa mirada vacía de no entender nada aún!!Jajajajajajaja
Como sea al final hay que salir a la calle. La calle, qué extenso, que extenuante concepto. Y ahí al final de la vereda y del auto que pasa y del perrito que ladra y del pasto recién cortado y de la nube que tapa el sol, ahí al final uno respira el verano, la autorreferencia se evapora y todo lo aprendido se va, toda la socialización se le esfuma y la naturaleza y la nostalgia y la alegría de azul y verde, cielo y mate y una guitarra de fondo, qué más puede pedirse.
Al final ella, y yo también y todos nos complicamos la vida hasta que vemos a un árbol florecer o a un gato estirarse y bostezar a la hora de la siesta. Salvo que nos importe demasiado el qué dirán, esa pollera larga, ese pelo largo, esa pollera tan corta, ese flequillo tan corto… ¿reírse de todo es el remedio?
Consumismo y materialismo de mentiras
TE AMO, SOS LO MÁS IMPORTANTE PARA MI, NO PODRÍA VIVIR SIN VOS… ¿qué hace que uno se ponga a decir todas esas cosas que ya no significan tanto eso –o por lo menos no a esta altura de mi vida-? ¿Será una cuestión generacional? Cómo se han vuelto una convención frases que debieran decir eso que en realidad no puede decirse con palabras. Quizás por eso mismo pierden valor: el siempre hecho de saber que en el fondo hay cosas que no se dicen. Porque no se debe, porque no es correcto, no está bueno romper el clima de yo soy tu amiga, esto es sólo sexo, etc. con semejante cursilería. Pero también creo que pasa por otro lado, más allá de lo embarazoso de desnudarse verbalmente ante el otro; suena un poco mentiroso hablar de amor eterno o del otro como indispensable.
Incluso a veces pienso que hablar de amor es una pelotudez dibujada, que en realidad esa palabra se usa para definir un sentimiento que no puede definirse… porque a cada persona la toca distinto, porque cada cual tiene su vivencia al respecto y sobretodo porque el llamado generalmente “amor” no es más que una seguidilla de momentos con alguien con quien se tiene atracción física, escenas que recordar, un par de buenas actitudes y palabras acertadas… pero en el fondo amor es el engranaje de una pareja y entonces se pretende nombrar lo intangible y particular, porque no hay nada más propio, único e individual que una relación de pareja. Entonces ¿por qué esa puta tendencia a generalizar mediante este término insulso?
Quizás al final yo sea tan materialista como cualquiera de esos yanquis neoyorquinos que aparecen caminando en las crónicas de Martí, y sólo creo lo que veo y toco y no las palabras que vuelan, se arrastran, brotan para durar lo que duran en la boca. Y después quedan en la memoria, ¿por cuánto tiempo?
Hace aproximadamente un año me hice un planteo un tanto existencialista: si a las palabras se las lleva el viento, ¿por qué escribo? Ahora encontré la respuesta: Lo que se lleva el viento es la oralidad. (A las palabras escritas también se las lleva el viento, pero es más complicado que se incendie mi casa…)
No, fuera de joda… las palabras de los enamorados son las que menos duran en cuanto a validez, y sin embargo es tan difícil no recordarlas… Pero lo más jodido es plantearse ante un abismo hasta dónde se mantendrán, cuánto dura esa validez, cuándo será su fecha de vencimiento.
Detesto tener que aceptar la noticia de que TODO tiene fecha de vencimiento y aunque parezca tan obvio y evidente, hay algo que deriva de esta conclusión: una vez que el producto se venció ya no debe seguir insistiéndose en su uso o gozo. No no. Tampoco digo arrojar en el cesto de basura, simplemente no consumir.
Incluso a veces pienso que hablar de amor es una pelotudez dibujada, que en realidad esa palabra se usa para definir un sentimiento que no puede definirse… porque a cada persona la toca distinto, porque cada cual tiene su vivencia al respecto y sobretodo porque el llamado generalmente “amor” no es más que una seguidilla de momentos con alguien con quien se tiene atracción física, escenas que recordar, un par de buenas actitudes y palabras acertadas… pero en el fondo amor es el engranaje de una pareja y entonces se pretende nombrar lo intangible y particular, porque no hay nada más propio, único e individual que una relación de pareja. Entonces ¿por qué esa puta tendencia a generalizar mediante este término insulso?
Quizás al final yo sea tan materialista como cualquiera de esos yanquis neoyorquinos que aparecen caminando en las crónicas de Martí, y sólo creo lo que veo y toco y no las palabras que vuelan, se arrastran, brotan para durar lo que duran en la boca. Y después quedan en la memoria, ¿por cuánto tiempo?
Hace aproximadamente un año me hice un planteo un tanto existencialista: si a las palabras se las lleva el viento, ¿por qué escribo? Ahora encontré la respuesta: Lo que se lleva el viento es la oralidad. (A las palabras escritas también se las lleva el viento, pero es más complicado que se incendie mi casa…)
No, fuera de joda… las palabras de los enamorados son las que menos duran en cuanto a validez, y sin embargo es tan difícil no recordarlas… Pero lo más jodido es plantearse ante un abismo hasta dónde se mantendrán, cuánto dura esa validez, cuándo será su fecha de vencimiento.
Detesto tener que aceptar la noticia de que TODO tiene fecha de vencimiento y aunque parezca tan obvio y evidente, hay algo que deriva de esta conclusión: una vez que el producto se venció ya no debe seguir insistiéndose en su uso o gozo. No no. Tampoco digo arrojar en el cesto de basura, simplemente no consumir.
Jocoso
Ay, dulce y puto insomnio, cuánto hace que no venías a visitarme! me molesta que vengas para hacerme reaccionar justo ahora, a esta hora que oscila y vos siempre disparador del descontrol que hace que todo empiece a interrelacionarse de una manera extraña, y me induce a centrifugarme a mi también, a ver cuánto aguanto, a ver si me mareo lo suficiente para rebotar 2 o 3 veces contra los resortes de la cama y no sonreír como cada vez que reboto… porque ahora también estoy acompañada, pero vos no me hacés bailar, me hacés girar.
Igual, al final toda esa mezcla se cierra sobre sí misma, todo se superpone, se vuelve parte de una misma pieza. Todo lo que durante el día fueron fragmentos desparramados se convierte en un conjunto homogéneo, un tapiz o una pared de mosaicos de colores que hacen juego, arman un dibujo, interactúan felices, amables, armoniosamente. Un aro compacto lleno de conceptos.
Pero más me molesta tu puta independencia, tu egoísmo de joderme y elegir sin preguntar, ninguna concesión, arbitrario elegís cuándo irte y sobretodo –y lo peor- cómo dejarme. Porque mis sueños tienen un resabio de vos, y mis días transcurren con gusto a gaseosa natural y sábanas arrugadas y ufa.
Ufa, dejame dormir, no estoy a tu disposición… o sí, porque a veces me hacés falta y te reprocho: ¿por qué no venís cuando te busco? Porque sos tan seguro de vos mismo y me encontrás contenta y enojada por irte y no te importa porque tenés nombre y sos vos, vos que te hacés el boludo y me asaltás en las noches de penumbra, y te cabe más cuando lloro. Siempre rodeado de ese velo de silencios y misterio, ese afán por no mostrarte, a ver si todavía me enamoro de vos, no te dejo irte y entonces me matás de a poco, te metés en mi cama como ahora y elegís entrometerte en mi vida modificándome.
No ¿eh? No me obligues a echarte. Portate bien, vení, tapate y haceme un rato cucharita, dale.
Igual, al final toda esa mezcla se cierra sobre sí misma, todo se superpone, se vuelve parte de una misma pieza. Todo lo que durante el día fueron fragmentos desparramados se convierte en un conjunto homogéneo, un tapiz o una pared de mosaicos de colores que hacen juego, arman un dibujo, interactúan felices, amables, armoniosamente. Un aro compacto lleno de conceptos.
Pero más me molesta tu puta independencia, tu egoísmo de joderme y elegir sin preguntar, ninguna concesión, arbitrario elegís cuándo irte y sobretodo –y lo peor- cómo dejarme. Porque mis sueños tienen un resabio de vos, y mis días transcurren con gusto a gaseosa natural y sábanas arrugadas y ufa.
Ufa, dejame dormir, no estoy a tu disposición… o sí, porque a veces me hacés falta y te reprocho: ¿por qué no venís cuando te busco? Porque sos tan seguro de vos mismo y me encontrás contenta y enojada por irte y no te importa porque tenés nombre y sos vos, vos que te hacés el boludo y me asaltás en las noches de penumbra, y te cabe más cuando lloro. Siempre rodeado de ese velo de silencios y misterio, ese afán por no mostrarte, a ver si todavía me enamoro de vos, no te dejo irte y entonces me matás de a poco, te metés en mi cama como ahora y elegís entrometerte en mi vida modificándome.
No ¿eh? No me obligues a echarte. Portate bien, vení, tapate y haceme un rato cucharita, dale.
Ella y Ella
Me roza las manos, las palmas de las manos. La frazada es áspera pero no me duele, no la siento, no me importa. Ahora pienso en él que encasillado me mira y quiere no saber, y busca y no me encuentra porque de verdad no quiere hacerlo. Yo lo miro también desde mi jerarquía, desde esa superioridad que creo que tengo y siento… quizás también él sea un engaño envuelto en ese cuerpo vibrante que me espera abajo, y quizás esta postura sea contraproducente… así lo demuestran mis palmas rojas y cansadas sobre las que me apoyo y me muevo sin pensarlo. Sin pensar en nada cierro los ojos y me voy y me voy ni lejos ni cerca, sólo es un traslado de tiempo, un traslado mental e incontrolable que no manejo ni trato de. Oscuro, floto, caigo, vértigo, vuelo hasta que llego a la luz roja, a la cama dura. Llego a esa otredad que esta noche me persigue.
Las manos me duelen, las muñecas, él se mueve abajo mío y yo ya no estoy, ya no hay luz de luna, hay música y no silencio, hay distancia ya no amor, y hay un deseo fuerte que termina siendo el imán, la llave a este viaje através de los segundos que giran al revés en mi cabeza. Yo acurrucada, yo me río, yo me revuelco, lo busco y encuentro lo inesperado, encuentro algo que buscaba y a la vez no, encuentro espacios vacíos que deberían ser completos y espacios repletos que creía inexistentes. Busco la boca y encuentro otra lengua, encuentro otros ojos que me miran y otro olor al abrazarlo y otro gusto al pasarle la lengua mojada por el cuello, por la oreja, por la panza…y encuentro otra mano que me busca diferente, que se mueve acompasada sin ningún motor verbal que le pida, le sugiera o le indique, sin una puta palabra explícita más que el puro instinto, ese lenguaje que hablo sin querer y sin evitar; pero cómo sabe, cómo hace para seguirme, cómo me persigue dentro de mi cajita oscura que retumba y me pide que no y que sí, dale, dale, fluye de pronto ese caudal de signos que salen de mi boca y de mi piel y él busca mi mirada busca saber, encontrarme y finalmente conectarnos en ese punto de fusión que es extremo pero crece desde adentro, que trasciende límites sin importar este presente donde mis palmas se van resvalando y yo me pregunto si me dejo llevar o soy yo y me entero sin quererlo, no quería asumirlo pero yo no soy yo ¿o quién es él?
Busco su mano y la toco y me confundo y sospecho que volví al pasado ¿o en realidad volví al presente?
Fuerte, más fuerte, más rápido, menos susurro, más grito, más húmedo, más alto. Y de pronto ¡PUF! ¿dónde estoy?
Abrir los ojos y no verme, qué paradoja. Abrir los ojos y no verte a vos ni a vos tampoco ni a mí ni a nadie más que tantas estrellas blancas que vuelan y se caen, y la imagen que empieza a hacerse nítida otra vez.
Las manos me duelen, las muñecas, él se mueve abajo mío y yo ya no estoy, ya no hay luz de luna, hay música y no silencio, hay distancia ya no amor, y hay un deseo fuerte que termina siendo el imán, la llave a este viaje através de los segundos que giran al revés en mi cabeza. Yo acurrucada, yo me río, yo me revuelco, lo busco y encuentro lo inesperado, encuentro algo que buscaba y a la vez no, encuentro espacios vacíos que deberían ser completos y espacios repletos que creía inexistentes. Busco la boca y encuentro otra lengua, encuentro otros ojos que me miran y otro olor al abrazarlo y otro gusto al pasarle la lengua mojada por el cuello, por la oreja, por la panza…y encuentro otra mano que me busca diferente, que se mueve acompasada sin ningún motor verbal que le pida, le sugiera o le indique, sin una puta palabra explícita más que el puro instinto, ese lenguaje que hablo sin querer y sin evitar; pero cómo sabe, cómo hace para seguirme, cómo me persigue dentro de mi cajita oscura que retumba y me pide que no y que sí, dale, dale, fluye de pronto ese caudal de signos que salen de mi boca y de mi piel y él busca mi mirada busca saber, encontrarme y finalmente conectarnos en ese punto de fusión que es extremo pero crece desde adentro, que trasciende límites sin importar este presente donde mis palmas se van resvalando y yo me pregunto si me dejo llevar o soy yo y me entero sin quererlo, no quería asumirlo pero yo no soy yo ¿o quién es él?
Busco su mano y la toco y me confundo y sospecho que volví al pasado ¿o en realidad volví al presente?
Fuerte, más fuerte, más rápido, menos susurro, más grito, más húmedo, más alto. Y de pronto ¡PUF! ¿dónde estoy?
Abrir los ojos y no verme, qué paradoja. Abrir los ojos y no verte a vos ni a vos tampoco ni a mí ni a nadie más que tantas estrellas blancas que vuelan y se caen, y la imagen que empieza a hacerse nítida otra vez.
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