Me roza las manos, las palmas de las manos. La frazada es áspera pero no me duele, no la siento, no me importa. Ahora pienso en él que encasillado me mira y quiere no saber, y busca y no me encuentra porque de verdad no quiere hacerlo. Yo lo miro también desde mi jerarquía, desde esa superioridad que creo que tengo y siento… quizás también él sea un engaño envuelto en ese cuerpo vibrante que me espera abajo, y quizás esta postura sea contraproducente… así lo demuestran mis palmas rojas y cansadas sobre las que me apoyo y me muevo sin pensarlo. Sin pensar en nada cierro los ojos y me voy y me voy ni lejos ni cerca, sólo es un traslado de tiempo, un traslado mental e incontrolable que no manejo ni trato de. Oscuro, floto, caigo, vértigo, vuelo hasta que llego a la luz roja, a la cama dura. Llego a esa otredad que esta noche me persigue.
Las manos me duelen, las muñecas, él se mueve abajo mío y yo ya no estoy, ya no hay luz de luna, hay música y no silencio, hay distancia ya no amor, y hay un deseo fuerte que termina siendo el imán, la llave a este viaje através de los segundos que giran al revés en mi cabeza. Yo acurrucada, yo me río, yo me revuelco, lo busco y encuentro lo inesperado, encuentro algo que buscaba y a la vez no, encuentro espacios vacíos que deberían ser completos y espacios repletos que creía inexistentes. Busco la boca y encuentro otra lengua, encuentro otros ojos que me miran y otro olor al abrazarlo y otro gusto al pasarle la lengua mojada por el cuello, por la oreja, por la panza…y encuentro otra mano que me busca diferente, que se mueve acompasada sin ningún motor verbal que le pida, le sugiera o le indique, sin una puta palabra explícita más que el puro instinto, ese lenguaje que hablo sin querer y sin evitar; pero cómo sabe, cómo hace para seguirme, cómo me persigue dentro de mi cajita oscura que retumba y me pide que no y que sí, dale, dale, fluye de pronto ese caudal de signos que salen de mi boca y de mi piel y él busca mi mirada busca saber, encontrarme y finalmente conectarnos en ese punto de fusión que es extremo pero crece desde adentro, que trasciende límites sin importar este presente donde mis palmas se van resvalando y yo me pregunto si me dejo llevar o soy yo y me entero sin quererlo, no quería asumirlo pero yo no soy yo ¿o quién es él?
Busco su mano y la toco y me confundo y sospecho que volví al pasado ¿o en realidad volví al presente?
Fuerte, más fuerte, más rápido, menos susurro, más grito, más húmedo, más alto. Y de pronto ¡PUF! ¿dónde estoy?
Abrir los ojos y no verme, qué paradoja. Abrir los ojos y no verte a vos ni a vos tampoco ni a mí ni a nadie más que tantas estrellas blancas que vuelan y se caen, y la imagen que empieza a hacerse nítida otra vez.
jueves, 30 de noviembre de 2006
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