Ay, dulce y puto insomnio, cuánto hace que no venías a visitarme! me molesta que vengas para hacerme reaccionar justo ahora, a esta hora que oscila y vos siempre disparador del descontrol que hace que todo empiece a interrelacionarse de una manera extraña, y me induce a centrifugarme a mi también, a ver cuánto aguanto, a ver si me mareo lo suficiente para rebotar 2 o 3 veces contra los resortes de la cama y no sonreír como cada vez que reboto… porque ahora también estoy acompañada, pero vos no me hacés bailar, me hacés girar.
Igual, al final toda esa mezcla se cierra sobre sí misma, todo se superpone, se vuelve parte de una misma pieza. Todo lo que durante el día fueron fragmentos desparramados se convierte en un conjunto homogéneo, un tapiz o una pared de mosaicos de colores que hacen juego, arman un dibujo, interactúan felices, amables, armoniosamente. Un aro compacto lleno de conceptos.
Pero más me molesta tu puta independencia, tu egoísmo de joderme y elegir sin preguntar, ninguna concesión, arbitrario elegís cuándo irte y sobretodo –y lo peor- cómo dejarme. Porque mis sueños tienen un resabio de vos, y mis días transcurren con gusto a gaseosa natural y sábanas arrugadas y ufa.
Ufa, dejame dormir, no estoy a tu disposición… o sí, porque a veces me hacés falta y te reprocho: ¿por qué no venís cuando te busco? Porque sos tan seguro de vos mismo y me encontrás contenta y enojada por irte y no te importa porque tenés nombre y sos vos, vos que te hacés el boludo y me asaltás en las noches de penumbra, y te cabe más cuando lloro. Siempre rodeado de ese velo de silencios y misterio, ese afán por no mostrarte, a ver si todavía me enamoro de vos, no te dejo irte y entonces me matás de a poco, te metés en mi cama como ahora y elegís entrometerte en mi vida modificándome.
No ¿eh? No me obligues a echarte. Portate bien, vení, tapate y haceme un rato cucharita, dale.
jueves, 30 de noviembre de 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario