jueves, 30 de noviembre de 2006

2 planos

Anoche fue terrible (no horrible).
Fui al shoppin y averigüé por él. Fui buscando respuestas que yo quería escuchar y me encontré con respuestas un poco diferentes, pero = al final eran eso que no quería y sí pensaba que iba a escuchar. Sí, no sé cómo llegué a preguntarle semejante barbaridad, en qué cabeza cabe andar persiguiendo así a tu novio… pero la otra era Viviana o Ivana, no se sabía porque él lo contaba desde otro ámbito, vaya a saber qué procedencia, qué aires respiraba esta chica que es un nombre que flota, sin rostro ni cuerpo ni ropa, sí el perfume que me corresponde aunque todos sepamos que nada es de nadie.
Después hubo un pequeño escándalo en el medio del patio de comidas, había tanta gente que nos ahogábamos en el calor. En realidad no hacía calor, estaba ese aire acondicionado con olor a capitalismo que me da náuseas, que es tanto artificio, no hay derecho. Una vieja de mierda de alcurnia me trataba de puta y pobre, yo la mandaba al carajo y huía, claro, qué tenía que hacer yo sola entre esos ojos saltones tan raros, mi barrio es tan sencillo, hay como una honestidad, desabrida, claro, pero es sincera, no está tan almidonada.
Llegar a Ramos, el sumum. Bueno, anoche por lo menos pareció eso, o algo muy parecido. Volví con sed de venganza que había maquinado y masticado en el bondi, enfilé para verlo, para encontrarnos por fin, después de tanto prefacio lo iba a ir a buscar, había dicho que iba a esperarme toda la noche, incluso lo sostuvo cuando le dije No no, no voy a ir, y la línea quedaba un rato sonando sin palabras, incluso ahí él insistió en esperarme, aunque yo en realidad no fuera a ir nunca. Pero ahora me acercaba peligrosamente, me acercaba con el corazón latiendo apurado como mis piernas. Miraba para todos lados como si fuera a afanar un banco, (algo similar en cuanto a gravedad, y también en cuanto a robo, aunque al revés, esta vez la que perdía era yo). Yo iba a dejarle mis esperanzas y todo ese pasado encerrado bajo llave enterrado bajo tierra. Él era el chorro en realidad, pero yo estaba perseguida.

Hacía tanto calor, me sofocaba cada tanto, las estrellas no brillaban mucho, los focos de luz amarilla se ocultaban entre los árboles, todo era una nube gigante de verano cepia y color opaco. Ya sentía su mirada pesada sobre mí otra vez, sentía ese abrazo y mis pies levantándose en el aire, otra vez a upa, otra vez su pelo, otra vez todo vuelve, todo es un tremendo (no horrible) círculo que se abre y se cierra en torno a mí.
No pude llegar, apareció él, el mío, con ese aire a vagabundear con otro vagabundero que desapareció cuando me acerqué con el disimulo de pasear una noche de verano, vagueando y boludeando yo también, ¿y vos? ¿Quién era aquél? Chau, te cambié de tema. (Pero ahora que pienso, ¿por qué ese afán de evadirme? ¿Por qué mierda yo me calentaba en quedar bien frente a SU infidelidad, si ya estaban todas las cartas jugadas, aunque yo fuera la única que lo sabía…? Porque después de todo, yo no podía acusarlo en base al testimonio de una desconocida, él iba a argumentar… yo tenía que averiguar mejor y encasillarlo con pruebas).
El tema es que yo fingía (¡qué palabra!), fingía que todo seguía igual de bien y de mal, pero igual. Él me llevaba a un rincón y yo no podía zafarme, y me besaba como si fuera la primera o la última vez y yo entrecerraba un poco los ojos para ver cómo el otro, el otro lejano pasaba enfrente mío, cerquita… entre las sombras miró para mi lado, y yo me sentía tan mal, tan culpable por todo, tan arrepentida de todo… pensaría que todo era una gran estrategia montada para joderlo, pero era justamente todo lo contrario, todo era mi gran estrategia, y todos ellos quedaban en segundo plano. YO, siempre yo antes que.

Igualmente hay que tener en cuenta que me quiso manipular, no creas que es tan inocente. Fue tan evidente, piensa que todavía puede hacer lo que quiere conmigo. Yo sonreí, y obvio que él no me vio, pero igual se enojó. Después me enojé yo y él se defendió de mis palabras-tijera argumentando que él quiere y respeta mis opiniones, y encima la enojada soy yo… yo tuve que justificarme varias veces, que no, yo no puedo ser tan cara dura, que me importan las personas a mi alrededor. (De ahí partió su jueguito ahora que me acuerdo: vos preferís la rutina, ok, quedate con tu vida de siempre, yo, adrenalina. Gran etcétera.) También dije que no es ahora el momento. Llama él (otro, el mío) para decirme que quiere salir, con lo linda que está la noche... estás tan colgada... Y del otro lado el otro: No te gastes papá, ella sale conmigo, y yo entre las dos voces que me hablaban o se hablaban entre sí en alguna otra dimensión que no es la mía ni el MSN.
El primero no se resignó hasta después de un rato de excusas (reales). Esperemos, dale. (Aunque igual siempre sigue siendo él que le encanta chapear que es el más lindo, hacerse el gato frente a las nenas calientes, irse de joda alta partuza “yo no hago nada pero igual me prendo”; va y no compra, pero vive en el límite, yo no sé si es infidelidad pero qué feo.)
Lo último que dijo fue tal vez en un rincón haya un lugar para volvernos a encontrar. Yo me reí y no supe si era metáfora.
Al final mi salida se pinchó, llamó sólo para crear esa sensación de vacío.

Y yo los mandé a la mierda a los dos, me voy para el shoppin.
Obvio que no pude dormir nada. Apagué la tele, daba vueltas y vueltas. ¿Y si voy para la puerta otra vez? ¿Y si toco timbre y al final termino con el abrazo sin tocar el piso y toda esa cursilería barata, qué querés, madrugada de verano…? Venían las ganas como retorcijones. Voy a buscarlo. No, sus planes a medio hacer –que probablemente nunca se concreten, pero pobre…-, y su familia, y las sábanas que se hicieron sogas que me ataron y me quedé.
Yo no sé.

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