jueves, 30 de noviembre de 2006

Peleas y perdones

Parece que sí, pero no. Que no te soporte no significa que no te quiera; no son términos excluyentes. Sólo que a veces no te aguanto, te cagaría a trompadas, te mandaría en un viaje sin retorno a la concha de tu madre. Pero después de la bronca ese odio momentáneo se va, comienza a alejarse con las manos en alto, el afecto hacia vos le apunta al pecho, lo amenaza de muerte y así todas las puteadas que te escupo en la cara, todas mis miradas de desdén, mis sonrisas irónicas, mi fastidio y hasta mi violencia se van evaporando, se desmaterializan y suben, se elevan hasta desaparecer entre el aire que va purificándose, se hace más transparente y se me escapa una sonrisa de la boca, te miro y sin querer mi mirada se vuelve buena, mis palabras bajan ese tono enojado, las exclamaciones se vuelven silencios o palabras que arman frases cotidianas, ¿querés café?
Vos sos tan bueno que te unís a mi reparo, me ayudás despacito en medio de ese pacto implícito a juntar del piso todos los pedacitos de nuestra basura, cada cristal roto, cada fragmento que representa palabras hirientes y sobretodo esos amargos te acordás, vos siempre igual uy, dejá de chamuyar, no ves qué mentirosa sos, callate, estúpido, pelotuda no me hablés así, pero y vos quién carajo te pensás que sos, gil, andate a la mierda forro, ah, mirá quién habla de respeto ahora, ay haceme el favor, no seas hipócrita, querés? No ves que sos un pendejo.
Sí, claro, todo eso permanece flotante, suspendido, inmóvil, en pausa, y nosotros con la cabeza gacha y miradas furtivas quizás hasta arrepentidas, miradas de saber que ya pasó, yo te entiendo y te perdono, nosotros dos giles malgastando tiempo, valioso tiempo de amor en agresiones insensatas hasta que por fin en algún punto del te odio encontramos ese rasgo iluminador en el otro que nos hace tan suceptibles. Yo te miro y de repente capto un perfil, una expresión, un gesto, un movimiento que me hace volver a verte tan bonito, tan mi amigo de siempre, tan conocido y tan sincero y querido por todos y sobretodo por mí, y ante mis ojos te empezás a volver a convertir en mi amor, ay si hasta te daría un beso.
A veces no permito que te des cuenta, continúo con la farsa un ratito más, sólo por la diversión de verme peleando con vos desde otra perspectiva, y así mirarme enfrente tuyo, tan tonta, por qué, con qué necesidad te discuto algo tan ridículo.
Otras veces me hacés sufrir vos, no sé si será por pretender que todo ese juego quede implícito y nunca terminar de admitir que al final entendernos pasa por miradas… o capaz sea porque no querés, en un punto hubieras preferido no darme el poder de elegir el basta. Por ahí vos también le tomás el gusto a las peleas cotidianas sin sentido, perdón, eso te lo enseñé yo.
Al final no estoy segura, creo que la mayoría de las veces el que inicia la tregua sos vos. Muchas, infinitas gracias por haberme mostrado esa paz misericordiosa; ahora aprendí a permitirme la leve sonrisa de los ojos tristes mirándote con ternura desde más abajo, más humilde, es una mirada casi de perdón, aunque me cueste taaanto verbalizar una disculpa, no sabés mi esfuerzo por pedirte perdón bichi con te miro con amor, ya no me banco gritarnos, ya no me banco todas nuestras otras facetas, ya no quiero que seamos otros, yo quiero que vos seas vos y yo, yo y no dos bocas que se gritan sin escucharse.
Después siempre nos quedamos en una penumbra, en un receso casi literario, en un stand by hasta que se entrelazan dos manos y se cruza la famosa mirada conciliadora, y al final qué final el sello del piquito casi tan tímido y sigiloso, intentando pasar desapercibido... casi como al principio (porque en realidad empezamos de nuevo, todo acaba termina y continúa en circularidad).

No hay comentarios: