jueves, 30 de noviembre de 2006

Y al final...

Se describe aunque no quiera. No es una descripción física, es simplemente todo lo que forma parte de ella: la música, la literatura, la ropa, el pelo, el perfume, las palabras que arman frases sin pensar y casi sin ser respiradas. Hay en ella una constante autorreferencia, bah, ella cree q es autorreferencia cuando en realidad es otra cosa, es referencia a todo lo otro que gira en torno a su cabeza y la envuelve todos los días. Sentarse al lado de la cama a ver desde la ventana cómo baja y se esconde el redondo y rojo sol, agarrarse y abrazar sus rodillas, darle un beso, fumar, pensar con los ojos en alto… todo es parte de otras cosas, de la otredad que la asalta y ella cree que es ella sola, única. Y es cierto, esa conjunción está armada frente a ese ajeno homogéneo pero es una experiencia propia y nadie en absoluto es igual. Pero entonces por qué lo busca, por qué busca ese espejo en la mentalidad de los demás, alguien que consiga reconstruir el espejo interior tantas veces roto y pegado con la gotita (¡cuánto intertexto, che!).
Sin embargo la reconstrucción ya no puede buscarse en el afuera que irrumpe, es cuestión de poner, construir despacito una pared de ladrillos y cemento espeso y oscuro que no permita ese contacto que es tendencia, y convertirse en una cajita que encuentre soluciones originales. ¡Pero qué utopía, carajo! ¿¿A quién vas a engañar pensando en esa soledad conformista?? No es real, es mentirita, no t engañes, todo está afuera, andá a la calle. ¿Pero es que en el fondo es la calle la facultad? ¿Son los libros la facultad? ¿Es la gente la facultad? ¿Adonde se aprende a caminar con los ojos vendados y cagarse de la risa al caer, y sonreír al incorporarse y así y todo seguir con la venda puesta?
Todos queremos saberlo, claro. Pero la ignorancia tampoco-- aunque después de todo no sería ignorancia. Quizás es buscar un sexto sentido que nos deje relajados, como un eterno clonazepán de paz, un gran faso de satisfacción, de esperanza que si, si, si, va a llegar. ¡¡También él va a convertirse en un decoroso príncipe azul de cotillón, también la gente te va a empezar a mirar a los ojos con esa mirada vacía de no entender nada aún!!Jajajajajajaja
Como sea al final hay que salir a la calle. La calle, qué extenso, que extenuante concepto. Y ahí al final de la vereda y del auto que pasa y del perrito que ladra y del pasto recién cortado y de la nube que tapa el sol, ahí al final uno respira el verano, la autorreferencia se evapora y todo lo aprendido se va, toda la socialización se le esfuma y la naturaleza y la nostalgia y la alegría de azul y verde, cielo y mate y una guitarra de fondo, qué más puede pedirse.
Al final ella, y yo también y todos nos complicamos la vida hasta que vemos a un árbol florecer o a un gato estirarse y bostezar a la hora de la siesta. Salvo que nos importe demasiado el qué dirán, esa pollera larga, ese pelo largo, esa pollera tan corta, ese flequillo tan corto… ¿reírse de todo es el remedio?

No hay comentarios: